“Educar para la libertad implica educar desde la libertad”

Alba Castellví es educadora, socióloga, conferenciante, mediadora, escritora de dos libros y madre, aunque confiesa que la maternidad no fue la que la impulsó a especializarse en esta materia sino más bien al revés. Es una ferviente defensora de educar a nuestros hijos desde la serenidad, la libertad responsable y el ejemplo, especialmente en esta sociedad inundada por las tecnologías y los nuevos referentes sociales que tienden a complicarnos mucho nuestra tarea como padres.

 

 

 

1. ¿Podemos decir que tus 2 libros son el resultado de una experiencia personal real y contrastada? ¿Qué podemos aprender de cada uno de ellos como madres o padres?

Sí, efectivamente. El primero, ‘Educar sin gritar´, nació a raíz de los talleres y asesoramientos que ya hacía para familias. En ellos, los padres me traspasaban muchas de sus inquietudes en forma de preguntas y decidí escribir un libro que recogiera una serie de técnicas y estrategias para educar con el objetivo que la relación con los hijos fuera más fluida. El otro, ‘Una cesta de cerezas’ es un libro de cuentos para niños y niñas que permite hacerles reflexionar sobre ciertas actitudes como el esfuerzo o la adicción a las pantallas, con las que resulta fácil que se sientan identificados, aprendan de ellas y se animen a cambiarlas.

 

2. ¿De qué libro te sientes más orgullosa? ¿Algún otro en camino?

‘Educar sin gritar’ es un libro con 9 ediciones del que me siento muy orgullosa porque veo que está siendo útil, que la gente lo recomienda, lo regala…

 

3. En general, ¿Cómo tendemos a educar hoy en día a nuestros hijos? ¿Vamos muy perdidos como padres?

Sí, estamos bastante desorientados, pues estamos en un momento en el que los referentes que teníamos de generaciones anteriores no nos sirven mucho. El contexto es diferente y es conveniente cambiar nuestra forma de actuar teniendo en cuenta las nuevas necesidades. Y esto no es fácil…


4. ¿Qué ha cambiado en la sociedad para que sea necesario cambiar el modelo de educación que recibimos nosotros o nuestros padres? ¿Tenía algo positivo el antiguo modelo?

Han cambiado muchas cosas… A grandes rasgos destacaría, por ejemplo, la manera de relacionarnos, que está íntimamente ligada con la tecnología. Los que ahora somos padres o madres nos relacionábamos con nuestros amigos o bien en directo o bien por teléfono, mientras que ahora los adolescentes utilizan principalmente el teléfono (móvil) para conectarse a las redes sociales. Y esto implica muchas cosas: la exposición total (si se quiere) del ámbito personal, una conexión constante con mucha gente, pocos momentos de recogimiento personal y, muchas veces, un acceso no filtrado al mundo adulto. Todo esto complica muchísimo la relación entre padres e hijos. También estamos en una sociedad donde coexisten diferentes modelos familiares, han cambiado las formas de autoridad y el mercado ve a los jóvenes y adolescentes como potenciales consumidores, provocando que los valores de las familias con frecuencia entren en contradicción con aquello que socialmente se valora. Nuestros hijos también tienen referentes muy diferentes – Youtubers, figuras del deporte y del espectáculo-, que no son precisamente personas de Open Arms u otros organismos que hacen un gran esfuerzo para mejorar la vida de los demás… Esto también provoca que los padres lo tengan mucho más difícil para inculcar ciertos valores. En el antiguo modelo de educación los padres tenían muy claro cuál era su rol y estaba socialmente consensuado. Ahora es mucho más desconcertante y complicado.

 

5. Hay quién piensa que hemos pasado de una educación estricta y autoritaria (la que recibieron especialmente las generaciones del 50 y anteriores) a una que es todo al contrario, excesivamente permisiva, donde los niños han perdido el referente de la autoridad desde pequeños tanto en casa como en el colegio. ¿Es cierto? ¿Qué está pasando?

Es verdad que la antigua educación era mucho más jerárquica y estaba claro que la estructura familiar no era democrática. Los cambios sociales y políticos han hecho entender también la familia como una estructura más democrática, donde se ha repensado especialmente el rol autoritario de los padres-normalmente los hombres- sobre sus hijos. Como cualquier cambio, tiene cosas buenas y malas. Ahora es mucho más difícil que los padres decidan cómo son las cosas en aspectos que antes decidían tranquilamente y que nadie ponía en entredicho quién tenía la decisión final…

 

6. La ajetreada vida profesional, la consolidación de la mujer en el mundo laboral, lo todavía sociedad machista en la que vivimos… ¿Tienen algo a ver en la manera en que educamos hoy en día?

Sí, el hecho que cada vez haya más dificultades de conciliación, que queramos realizar muchas más actividades y que el rol en las familias no esté tan claro, complica mucho las cosas. Educar implica mucho de tiempo y en la sociedad en la que vivimos, donde estamos constantemente expuestos a estímulos, disponemos de menos horas para hacerlo. Tenemos vidas mucho más interesantes que antes pero nos cuesta renunciar a ciertas cosas o privilegios, complicándonos mucho la tarea como padres.

 

7. La manera en que educamos nuestros hijos tiene una clara incidencia en cómo serán de mayores. ¿Hasta qué punto se perciben estos valores educacionales en un niño, adolescente o adulto que no ha sido educado desde la serenidad?

Siempre digo que nosotros los padres educamos a través de lo que hacemos. Tiene muy poca importancia el discurso de cómo queremos que nuestros hijos se comporten o hagan las cosas si no somos coherentes con aquello que decimos. Por lo tanto, aunque parezca una obviedad, tenemos que predicar con el ejemplo. Es decir, si queremos educar a nuestros hijos en la serenidad y con unos valores que consideramos importantes, es imprescindible hacerlo nosotros primero. Por ejemplo, difícilmente tendremos un hijo lector si nosotros, como padres, no leemos. Pero no sólo esto, sino que la educación que reciban nuestros hijos determinará la manera en qué ellos eduquen a los suyos en un futuro, pues las personas tendemos a reproducir patrones de comportamiento. Lo que hacemos es la herencia que les estamos dejando, por ello nuestro trabajo es tan importante.

 

8. ¿Por qué en ocasiones, como padres, replicamos conductas o modelos de educación que en su día recibimos como hijos, a pesar de no estar de acuerdo con ellas?

Porque sabemos lo que no queremos pero, con frecuencia, no sabemos cómo hacerlo diferente porque nadie nos lo ha enseñado. En los talleres con padres una de las cosas que hacemos es, precisamente, darles alternativas para hacer de otro modo las cosas que no los hacen sentir cómodos o no les acaban de funcionar pero que son fruto de la herencia recibida.


9. Como madre y profesional de este ámbito defiendes que es posible educar desde la serenidad. Seguramente, muchos padres con hijos pequeños o adolescentes compartan la teoría, pero vean complicado llevarla a la práctica… ¿Es posible educar siempre desde la serenidad? ¿Cómo?

Educar sin gritar es difícil incluso a sabiendas de cómo hacerlo, porque somos humanos y, en ocasiones, perdemos los nervios. Por lo general disponemos de un tiempo muy limitado que nos obliga a ser mucho más resolutivos y, muchas veces, los niños son más lentos de lo que nos gustaría interiorizando las cosas. No pasa nada si alguna vez perdemos la calma, también es bueno que los niños sepan reaccionar ante estas situaciones, pues en la vida se encontrarán personas que muchas veces no actuarán como ellos querrían. Ahora bien, si conseguimos perder los nervios menos veces, además de que el ejemplo que les damos es mucho mejor, nosotros como padres también nos desgastaremos menos.

 

10. ¿Qué significa ‘educar desde la libertad responsable’? ¿Podrías ponernos algún ejemplo práctico?

Dejar que los niños decidan y que aprendan que las elecciones que hacen tienen consecuencias. Educar para la libertad implica educar desde la libertad. Un ejemplo, puedes decirles: “¿Prefieres recoger ahora y cenar rápido o tardar un rato más? Piensa que si lo hacemos rápido tendremos tiempo de leer un cuento antes de ir a dormir, mientras que si tardamos más no tendremos tiempo.” Así estamos dejando que nuestro hijo/a elija, pero lo enfrentamos a las consecuencias lógicas que tiene hacer una cosa u otra.

 

11. Es obvio que es ideal no llegar al castigo, fomentando siempre el diálogo con nuestros hijos, pero hay circunstancias que pueden hacerlo necesario (ej: un hermano que pega a otro, contesta mal a su padre padre/madre…). ¿Cuál es la forma más efectiva, educativa y respetuosa para hacerlo?

Siempre es interesante que pasen 2 cosas: que tengan consecuencias lógicas de aquello que han hecho, o bien, que tengan que reparar la situación. Se explica muy bien en el capítulo ‘Greta y las cerezas’ del libro ‘Un Cesto de cerezas’. Cuando la niña se porta mal, su madre en lugar de aplicar un castigo arbitrario opta por invitarla a reparar la situación. Algo que resulta mucho más educativo.

Sobre este caso concreto de conflictos entre hermanos imparto charlas de 1h 30min, pues son temas complejos. Resumiendo mucho, tenemos que tener claro que la violencia no puede convivir en casa y esta acción tiene que ir acompañada de una consecuencia inmediata como es separarlos y, posteriormente, proceder a una “mediación express” que permita construir una mejor solución de futuro. Ahora bien, también hemos de intentar buscar el porqué de aquella acción, pues normalmente todo tiene una causa, y mirar de mediar. En el libro ‘Educar sin gritar’ también hay un capítulo dedicado a conflictos entre hermanos que recomiendo.

 

12. En tus conferencias, talleres, coaching familiares, mediaciones y asesoramientos particulares defiendes el concepto ‘autoridad tranquila’. ¿Puedes sintetizarnos cuáles son las principales técnicas que deberíamos tener en cuenta como padres para que nuestros hijos obedezcan de forma más efectiva sin necesidad de llegar al grito?

Cuando como padres nos damos cuenta que aquella técnica que hemos intentado con nuestros hijos no funciona, primero hemos de recuperar de nuevo la calma. A partir de aquí, algunas recomendaciones muy breves:

.Hablar a nuestro hijo/a en voz muy baja, explicándole muy brevemente lo que tiene que hacer en aquel momento. De este modo, tienen que esforzarse para prestarnos atención.

.Ponernos a su altura, buscando el contacto visual.

.Dar las órdenes siempre en afirmativo, evitando el NO. Enfocándolas a qué queremos que hagan, en lugar de decirles qué queremos evitar.

.Darles diferentes opciones para tomen sus propias decisiones, siempre teniendo en cuenta las consecuencias que implican.

 

13. ¿Los comportamientos inadecuados de nuestros hijos (hasta la pre-adolescencia, principalmente) son siempre el resultado de nuestros propios comportamientos como padres o intervienen también otros factores?

Intervienen muchos otros factores. Nuestros hijos son el resultado de un cúmulo de influencias, muchas de las cuales no podemos controlar. El ambiente donde vivimos, el colegio al que van, los amigos que tienen, los medios de comunicación, la genética… Todo influye en la manera de ser y de comportarse. Por lo tanto, aunque la manera en que educamos a nuestros hijos es importantísima, y debamos esforzarnos en hacerlo tan bien como podamos, hay factores externos en los que poco podemos incidir.

 

14. ¿Hasta qué edad estamos a tiempo de cambiar la manera de educar a nuestros hijos para que tenga efecto en un futuro? Es decir, ¿hay alguna edad a partir de la cual ya no haya ‘vuelta atrás’ o siempre estamos a tiempo?

Yo creo que aunque nuestros hijos sean mayores, el ejemplo que les damos continúa influyendo sobre su manera de vivir, de comportarse y de tratar a los que les rodean.

 

15. Para acabar, ¿qué tipo de servicios ofreces a padres, colegios e instituciones y cómo pueden informarse y/o contratarlos?

Imparto charlas, talleres y también asesoramiento personalizado. Los primeros están pensados para grupos de padres y madres o entidades, mientras que el asesoramiento lo hago de forma individualizada en mi consulta de Barcelona o de Sant Sadurní d’Anoia. En este caso, abordamos los problemas concretos que puede tener cada familia, como las relaciones entre padres e hijos, entre hermanos o entre adultos, pues a menudo el problema familiar acaba afectando también la relación entre los miembros de la pareja.

Para contratar cualquiera de estos servicios, me pueden contactar por teléfono (667 666 488) o por email (alba@albacastellvi.cat). Para casos en los que resulta difícil poder conocernos personalmente, también ofrezco la posibilidad de hacerlo vía videoconferencia. Todos estos contactos los encontrarán en mi web.

Por |2019-05-20T11:57:36+00:00marzo 6th, 2019|Entrevistas, La Voz del Experto, Tips|0 Comentarios

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